domingo, enero 30, 2011

Carta a Nicolás


Mi amor:

Había decidido juntar todos las servilletas y los pañuelos desechables, esos en los que escribí mil veces lo mucho que te quería, pero el viento y los recuerdos hicieron que se despedasaran con la humedad de mis lágrimas. Amor, hay tantas cosas que necesito susurrarte en gritos, tantas palabras que dejamos ahí, en el veladorcito junto a mi cama. ¿Te acuerdas? De los días en que no nos levantabamos hasta que las estrellas se asomaban lentamente por mi ventana, yo contaba tus pecas y tus besabas hasta mis pestañas, y nos reíamos tanto que en ese momento el tiempo parecía infinito.


Tu nombre lo deje anotado en un árbol en cada esquina, así puedo pensar que al regresar a casa, tú estarás distraído, mirando por el balcón, contando los barcos que llegan al puerto, ese puerto que asolo nuestros besos y que fue testigo de aquellos reencuentros que solo podían ser enmudecidos por el chillar de las gaviotas. Tú nombre lo dejé antoado, para evitar que mis sábanas y ese espacio que yo guardaba para ti, comenzara a escarcharse de a poco.


Ahora que te escribo, las paredes han comenzado a descascararse, ilusamente habíamos pensado que nuestra pequeña novela nunca acabaría, que llevaba puntos suspensivos, que por cada aniversario agregaríamos capítulos nuevos. Ilusamente yo te dediqué poemas y tú me escribiste canciones, nos leíamos las líneas de las manos y yo dejaba que mis huellas digitales se impregnaran en tu espalda, en tus brazos...


No nos dimos cuenta que el Tic Tac del reloj siempre llega a estropear las fantasías.


Aveces, solo a veces, siento rabia. Me emputezco y comienzo golpear las ventanas intentando entender qué fue eso que se interpuso entre nuestros sueños. Fueron tantas promesas que quedaron a media tinta, tanto futuro mal diseñado que no alcanzó ni siquiera a agarrar forma. En secreto habíamos pactado mantenernos juntos, comprar esa casa en el campo y vivir, yo de mis letras y tú de tu pedagogía. Es que tú lo único que querías era cambiar el mundo y yo te decía que sí, que a pesar de todo, nuestros caminos siempre se irían aferrando un poquito hacia la izquierda.


¿Cómo lo hago, ahora, para explicarte que ni siquiera las gaviotas se acercan a mi ventana?

Al parecer, los gritos pegaron impetuosos y el pasado, y esas cicatrices que nos incomodaban tanto, rompieron tantos afanes. Ya no sé cómo hacer para trazarte un camino de vuelta. La paranoia es tan férrea y yo tan débil. Mi amor, si tan solo encontrase palabras para zurcir las agujetas rotas. Tengo ganas de inventar idiomas, de rememorar esos latidos tenues que escuchaba cuando tu torso me servía de almohada, y así, sacar de una vez esos sentimientos inmovilizados en mi garganta, esas mariposas grises, que de tanto polvo se fueron convirtiendo en arañazos.


Tengo tanto que decirte que ni una carta es suficiente para anotar todos esos “Te amo” que quedaron aflojados en nuestros zapatos. Tanta lágrima no tiene cabida en una página, y a pesar de todo, sé que puedes entender los verbos que quedaron en los espacios blancos, las frases que no te dije y oculte entre las líneas. Los versos que anoté en boletas y escondí en tus bolsillos. Los besos que te envío en sueños y las promesas, que aunque no se cumplan, mantendré eternamente en un cofre bajo mi cama.

Siempre seré tu rosa.

1 cositas lindas:

Metzonalli dijo...

Hace muchísimo que no te leía Pame. ¿Cómo estás? veo que hay cosillas sucediendo por ahí. Eres tan pasional cuando escribes, con metáforas que me crean nudos en la garganta, me inspiras Loo.
Te extraño de una forma rara.
Pau


Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran como una lluvia de hojas a un campo de nieve, como la yedra a la estatua, como la tinta a esta página. OCTAVIO PAZ